2025-10-09 21:00:00
INVERSIÓN
En la inversión de los lituanos surge una nueva tendencia: la ilusión del conocimiento — consejos para evitar errores
La cultura de inversión ha crecido rápidamente en toda Europa en los últimos años, pero junto con ello también ha surgido un nuevo fenómeno: la ilusión del conocimiento. Con solo unos pocos clics en el teléfono es posible invertir en distintos proyectos, y la inversión ha pasado de ser un ámbito de nicho a convertirse en un hábito cotidiano para muchos. Sin embargo, el creciente interés también plantea nuevas preguntas: cómo aprender a utilizar estas oportunidades de forma responsable, evaluar los riesgos y tomar decisiones fundamentadas.
Del 6 al 12 de octubre se celebra la Semana Internacional del Inversor, iniciada por el Banco de Lituania, durante la cual diversas instituciones y organizaciones centran su atención en la educación de la población y en el fortalecimiento de la conciencia sobre la inversión. Con este motivo, expertos comparten no solo los errores que aún cometemos, sino también consejos sobre cómo convertirse en inversores conscientes.
El inversor lituano: ¿cómo es?
Hace algún tiempo, el Banco de Lituania elaboró el perfil más reciente del inversor del país. Los datos muestran que en los últimos cuatro años el número de personas físicas que operan en los mercados financieros ha crecido significativamente: de aproximadamente 42.000 en 2020 a 176.500 en 2024. Ha aumentado especialmente la proporción de mujeres y de inversores menores de 34 años, lo que indica que la inversión es cada vez más accesible para distintos grupos sociales.
Las decisiones se toman cada vez más de forma espontánea, basándose en tendencias a corto plazo o información de redes sociales, en lugar de análisis profundos.
Sin embargo, como señala la directora del Centro de Educación Financiera del Banco de Lituania, la Dra. Viktorija Dičpinigaitienė, el ritmo acelerado de la inversión no siempre va acompañado de una comprensión adecuada de cómo funciona realmente este proceso. Según ella, el comportamiento del inversor moderno a menudo se asemeja a la lógica de las redes sociales: reacciones rápidas, atención breve y decisiones instantáneas.
“En los últimos años, el comportamiento de los inversores está cambiando: hay más personas jóvenes y activas que buscan resultados rápidos y confían en la tecnología. Esto es natural, pero también requiere mayor conciencia. Observamos que las decisiones se toman cada vez más de forma espontánea, basadas en tendencias a corto plazo o información de redes sociales, en lugar de análisis más profundos. Estas acciones suelen estar impulsadas por emociones y no por una estrategia, lo que aumenta la probabilidad de errores”, subraya.
Según la experta, los errores de los inversores no se deben tanto a la falta de conocimientos, sino al consumo superficial de información: cada vez más, las decisiones financieras están influenciadas por contenidos de redes sociales en lugar de análisis de expertos. En los últimos años, han ganado popularidad los llamados “finfluencers”, creadores de contenido que aconsejan sobre inversiones sin contar, en muchos casos, con licencias o formación adecuada.
“El contenido de las redes sociales activa el sistema de pensamiento rápido —emocional—, por lo que incluso personas racionales pueden tomar decisiones impulsivas basadas en información superficial o presentada de forma atractiva. Estos consejos parecen convincentes porque suenan bien, pero a menudo no revelan los riesgos ni los intereses comerciales. Por ello, hoy lo más importante no es evitar la tecnología, sino aprender a usarla de manera responsable y evaluar la información de forma crítica. Cuando el número de seguidores se vuelve más importante que la competencia, corremos el riesgo de confiar no en el conocimiento, sino en la impresión”, afirma.
Dičpinigaitienė añade que este fenómeno plantea desafíos no solo para los consumidores, sino también para las instituciones. Según datos del Centro de Prevención del Blanqueo de Capitales, en 2024, en comparación con 2023, el número de casos de fraude de inversión aumentó de 1.600 a 1.900, y las pérdidas de los ciudadanos crecieron de 4,8 a 5,57 millones de euros.
“Cuantas más personas participan en la inversión, más importante es aprender a distinguir fuentes fiables de las engañosas. Es una parte natural del desarrollo: la cultura de inversión madura, y con ella también nuestra responsabilidad”, afirma.
Tecnología: tanto desafío como oportunidad
Aunque la tecnología contribuye en parte al consumo superficial de información, también ha abierto nuevas oportunidades para los inversores. Según Miglė Grybinienė, directora de marketing de la plataforma de financiación colectiva “Profitus”, las plataformas digitales, las aplicaciones móviles y las herramientas de inteligencia artificial han transformado la cultura de inversión, haciendo las finanzas más accesibles, transparentes y comprensibles.
“Las herramientas digitales han democratizado la inversión. Hoy ya no se necesita un gran capital ni conocimientos complejos: basta con tener interés, aprender lo básico y tomar decisiones responsables. Gracias a las plataformas móviles, la inversión ha dejado de ser un privilegio exclusivo para convertirse en un hábito accesible para todos. Es un cambio muy importante tanto para jóvenes como para personas mayores, ya que la tecnología reduce las barreras de entrada a los mercados financieros”, explica.
Por su parte, Tomas Vasiliauskas, experto en inteligencia artificial y director de la empresa “Agenica”, señala que entender cómo funcionan las tecnologías se ha convertido en una ventaja clave para el inversor moderno. Quienes saben utilizar la IA de forma responsable no solo ganan rapidez, sino también una comprensión más clara de los mercados.
“Si hablamos de inteligencia artificial, ya se ha convertido en una herramienta cotidiana para muchas empresas y usuarios. Está cambiando la forma en que las personas recopilan, evalúan e interpretan la información, especialmente en el ámbito financiero. Por ejemplo, ‘BlackRock’, la mayor gestora de inversiones del mundo, utiliza el sistema de IA ‘Aladdin’, que analiza datos en tiempo real, modela escenarios y evalúa riesgos. Estas herramientas permiten ver no solo cifras, sino también relaciones causales, lo que ayuda a tomar decisiones más fundamentadas. Sin embargo, lo más importante sigue siendo la decisión humana. La IA puede ayudar, pero no sustituye nuestra responsabilidad”, afirma.
Según el experto, el mayor valor de estas tecnologías no es que “sepan más”, sino que permiten a las personas comprender más rápidamente lo que ocurre en los mercados, evaluar riesgos y tomar decisiones basadas en datos.
“A menudo la gente piensa que la inteligencia artificial es un oráculo. Esa visión es errónea. Desde la época de Google nos hemos acostumbrado a introducir palabras clave y obtener respuestas, pero la IA funciona de otra manera: no busca la verdad, sino que la predice según el contexto. Esto significa que, si formulas mal la pregunta, obtendrás un resultado engañoso. Sin embargo, cuando el inversor combina tecnología con pensamiento crítico, alcanza un nuevo nivel de calidad. Lo más importante no es creer ciegamente en el algoritmo, sino saber hacer las preguntas correctas y verificar las fuentes”, explica.
Cambian las expectativas del inversor
Grybinienė observa otra tendencia: con el avance tecnológico, también cambia la percepción del tiempo. Hoy la información, las decisiones y la retroalimentación son instantáneas, por lo que la paciencia se convierte en una habilidad cada vez más rara. Este hábito también se traslada al ámbito financiero: muchos esperan ver resultados de inversión tan rápido como las reacciones en redes sociales.
“La gente se ha acostumbrado a la rapidez y a resultados inmediatos. En redes sociales vemos reacciones al instante, por lo que es natural esperar lo mismo de la inversión. Sin embargo, aquí las reglas son opuestas: cuanto más prisa tienes, más riesgo asumes. La inversión no es un sprint, sino un proceso en el que lo más importante es el tiempo, la disciplina y la paciencia”, afirma.
La experta subraya que la paciencia es uno de los mayores retos para el inversor moderno, pero también uno de los factores clave del éxito.
“Algunos, al oír hablar de altos rendimientos, quieren probar de inmediato; otros, en cambio, lo posponen esperando el momento perfecto o una gran suma. Ambas situaciones reflejan lo mismo: el deseo de evitar la incertidumbre. En realidad, se puede empezar de forma sencilla, incluso con pequeños pasos. Existen métodos fiables, como las plataformas de financiación colectiva, que permiten invertir desde cantidades pequeñas, con transparencia y claridad sobre dónde va el dinero. Esto fomenta la confianza y ayuda a desarrollar hábitos financieros a largo plazo”, señala.
Tres pasos importantes
Los expertos coinciden en que invertir es un proceso continuo que requiere tiempo, conocimientos y decisiones conscientes.
Según Dičpinigaitienė, el primer paso es establecer un objetivo y adquirir conocimientos: entender dónde y por qué se invierte.
“Antes de invertir, deténgase y hágase algunas preguntas: ¿sé por qué y dónde invierto?, ¿esta empresa tiene licencia para operar en Lituania?, ¿entiendo el riesgo que asumo? Nuestra experiencia muestra que los inversores que verifican las fuentes y toman decisiones conscientes rara vez caen en fraudes, mientras que quienes confían en promesas de ‘rendimientos rápidos y seguros sin riesgo’ suelen perder no solo dinero, sino también la confianza en el sistema financiero”, afirma.
El segundo paso, según Vasiliauskas, es saber utilizar la tecnología sin perder el pensamiento crítico. “No hay que ver la IA como omnisciente. Ayuda a analizar datos y tendencias, pero no toma decisiones por nosotros, por lo que es esencial cuestionar, verificar y dudar”, destaca.
El tercer paso, según Grybinienė, es la constancia y la acción real. “La gente suele esperar el ‘momento perfecto’, pero este nunca llega. Lo más importante es empezar con pasos reales y alcanzables. Incluso pequeñas cantidades pueden ser el inicio si se invierte de manera reflexiva y constante. Las plataformas fiables permiten hacerlo de forma sencilla y transparente, pero también requieren hábitos: aportaciones periódicas, diversificación y comprensión del riesgo. La estabilidad financiera no es casualidad, es el resultado de la constancia”, concluye.
(Traducido con un traductor)






