2026-03-22 11:30:00
INVERSIÓN
Guía para principiantes: en qué se diferencia un depósito de las acciones y cómo empezar a invertir
Para muchas personas, invertir todavía parece complicado. Al decidir empezar a invertir, primero es importante contar con una reserva financiera acumulada que cubra aproximadamente de tres a seis meses de gastos esenciales, según las expertas citadas por LRT.lt. Es recomendable comenzar no buscando la mayor rentabilidad, sino eligiendo la forma de inversión más sencilla, que permita cometer el menor número posible de errores.
Invertir sigue pareciendo para muchos una especie de “matemática avanzada”: muchos números, riesgos y reglas que es necesario comprender.
Según la representante de la plataforma de financiación participativa “Profitus”, Miglė Grybinienė, las herramientas de inversión se diferencian esencialmente en tres aspectos principales: el tipo (clase de activo), el nivel de riesgo y la rentabilidad prevista.
Principales clases de activos
Las principales clases de activos son:
- depósitos / cuentas de ahorro
- bonos y acciones
- fondos ETF
- financiación participativa / préstamos entre particulares
Un depósito o cuenta de ahorro significa que prestas dinero al banco y, a cambio, recibes intereses establecidos.
Los bonos también son esencialmente deuda, pero en este caso prestas dinero al Estado o a una empresa. Los intereses pueden ser fijos o variables.
Si una persona adquiere acciones, se convierte en copropietaria de la empresa. En este caso, la rentabilidad depende de los dividendos y del aumento del precio de la acción (o de la pérdida si el precio baja).
Los fondos ETF son una “cesta” de acciones y/o bonos (una inversión que incluye múltiples empresas en una sola compra).
Al elegir financiación participativa o préstamos entre particulares, normalmente se invierte a través de plataformas. Se financian proyectos concretos (financiación participativa) o se conceden préstamos a personas (P2P). En estos casos, la rentabilidad suele estar predeterminada, y el riesgo depende de la calidad del proyecto o del préstamo y de las garantías.
Nivel de riesgo
Como ya se ha mencionado, uno de los aspectos clave de la inversión es el riesgo. El riesgo es lo que queda cuando crees que has pensado en todo, afirma Grybinienė.
“Muchas personas piensan que el riesgo equivale a perder toda la inversión. Pero en realidad existen varios niveles de riesgo”, destacó.
Por ejemplo, el riesgo de fluctuación de precios es típico de las acciones y los ETF: hoy su valor puede haber caído un 10 %, pero dentro de un año puede haber subido un 20 % o viceversa.
También es importante el riesgo de crédito o de impago, propio de préstamos, financiación participativa y bonos.
“El deudor puede retrasarse en los pagos o no pagar en absoluto, y entonces se inicia un proceso de recuperación”, señala Grybinienė.
Asimismo, menciona el riesgo de liquidez, es decir, la posibilidad de recuperar el dinero cuando se necesita.
“Un depósito suele tener un plazo fijo, y en la financiación participativa los fondos normalmente solo se pueden retirar al finalizar el proyecto, generalmente hasta dos años. En cambio, las acciones o ETF suelen poder venderse en cualquier momento, aunque no siempre en condiciones favorables”, explica.
Por último, también es importante el riesgo de la plataforma o intermediario: dónde se guardan los fondos, cómo se registran y qué mecanismos de protección existen.
Cálculo de la rentabilidad
Es importante entender cómo se calcula la rentabilidad: si es fija o depende de los cambios del mercado.
“Cuando la rentabilidad es fija, como en depósitos o proyectos de financiación participativa, es importante conocer la frecuencia de los pagos de intereses (mensual, trimestral o al final del plazo) y si existe la posibilidad de reinversión.
La rentabilidad de mercado (acciones / ETF) no es fija. Aquí lo importante es el tiempo y la disciplina: el resultado depende de cuánto tiempo mantengas las inversiones y de si inviertes periódicamente”, destaca Grybinienė.
Por tanto, una persona puede elegir entre varios instrumentos principales: depósitos bancarios o cuentas de ahorro, acciones y fondos ETF (a través de un bróker o banco), así como plataformas de financiación participativa o préstamos entre particulares (P2P).
¿Por dónde empezar?
Si una persona decide invertir, según Kristina Ruseckienė, responsable de servicios de ahorro e inversión del banco SEB, primero es importante contar con una reserva financiera equivalente a tres a seis meses de gastos esenciales.
Se recomienda dividir el dinero en tres “bolsillos”:
- fondos líquidos y seguros (por ejemplo, depósitos)
- ahorro para pensión (pilares II y III)
- crecimiento de capital a largo plazo mediante inversión
Si una persona no tiene experiencia, Grybinienė considera prudente empezar no buscando la mayor rentabilidad, sino el método más simple que permita cometer menos errores.
“El inicio de la inversión suele estar asociado a emociones y al miedo de no tener a quién consultar. Por eso es recomendable elegir una plataforma donde sea fácil contactar con el servicio de atención al cliente y resolver incluso dudas sencillas”, subraya.
Para principiantes, recomienda:
- Si lo más importante es seguridad y simplicidad – depósito bancario
- Si se busca crecimiento a largo plazo y se aceptan fluctuaciones – ETF en lugar de acciones individuales
- Si se desea un plazo claro y rentabilidad fija – financiación participativa o préstamos P2P
No obstante, Ruseckienė señala que ahorrar en depósitos no es lo mismo que invertir. El depósito sirve para guardar ahorros con liquidez, mientras que la inversión busca el crecimiento del capital a largo plazo asumiendo cierto riesgo.
“No hay otra forma de aumentar el poder adquisitivo a largo plazo que mediante una inversión regular y sostenida, con un nivel de riesgo aceptable”, recomienda.
En su opinión, para principiantes lo más conveniente es empezar con fondos cotizados en bolsa (ETF). Actualmente existen miles, y algunos permiten comenzar incluso desde 10 euros.
“Así se puede adquirir un conjunto diversificado de activos (acciones, bonos, materias primas), que generalmente replica un índice de mercado (por ejemplo, el S&P 500)”, señala Ruseckienė.
Inversión pasiva y activa
En los últimos años se habla cada vez más de las diferencias entre inversión activa y pasiva. Según Ruseckienė, los estudios muestran que, a largo plazo, suele ganar la inversión pasiva.
“Los inversores profesionales destacan cada vez más que intentar superar al mercado requiere mucho tiempo y conocimientos, mientras que la forma óptima de hacer crecer el capital es invertir de manera regular y a largo plazo”, afirma.
Los pequeños inversores cometen más errores cuando se dejan llevar por las emociones y el sentimiento general del mercado.
“Antes de empezar a invertir, muchas personas no saben qué nivel de riesgo pueden tolerar. Al ver una caída en el valor de su cartera, pueden sentir miedo. Impulsados por ese miedo, venden con pérdidas y abandonan la inversión. Por eso es fundamental tener una estrategia a largo plazo y entender que las fluctuaciones a corto plazo son solo temporales”, explica.
Distribución según la edad
La edad del inversor también influye en la composición de la cartera. Las personas jóvenes pueden asumir más riesgo, ya que tienen más tiempo, por lo que su cartera puede estar dominada por acciones. En cambio, a mayor edad, la proporción de acciones debería disminuir y aumentar la de bonos.
Otros factores importantes son la situación financiera, el patrimonio, los ahorros, las características emocionales (por ejemplo, si se duerme tranquilo cuando el mercado cae), así como la experiencia, conocimientos y motivación.
“Recuerde siempre quién es y cuál es su situación. Copiar la estrategia de un vecino rico puede ser arriesgado, ya que su situación puede ser completamente distinta”, advierte la experta.
Relación entre rentabilidad y riesgo
Las asociaciones de fondos de inversión y pensiones de Lituania (LIPFA) destacan que toda inversión conlleva riesgo, incluso si a largo plazo muchas inversiones aumentan de valor.
“Un principio importante es que la rentabilidad suele ser directamente proporcional al riesgo: cuanto mayor es el potencial de ganancia, mayor es también el riesgo de pérdida.”
Por ejemplo:
- acciones: rentabilidad a largo plazo de ~7–8 % anual, con alta volatilidad
- bonos gubernamentales: ~2–3 % anual, con menor volatilidad
En cuanto a los fondos de pensiones, su objetivo es crear un apoyo adicional o “colchón financiero” para la jubilación. La regla principal: invertir es un proceso a largo plazo, no una forma rápida de ganar dinero. La disciplina y la regularidad son clave, y las fluctuaciones a corto plazo no son relevantes en el largo plazo.
(Traducido con un traductor)






